LA TABLA PERIODICA
La tabla periódica de los elementos es la organización que, atendiendo a diversos criterios, distribuye los distintos elementos
químicos conforme a ciertas características.
Suele atribuirse la tabla a Dimitri Mendeleiev, quien ordenó los elementos basándose en la variación manual de las propiedades químicas,
si bien Julius Lothar Meyer, trabajando por separado, llevó a cabo un ordenamiento a partir de las propiedades físicas de los átomos.
La
historia de la tabla periódica está íntimamente relacionada con varias
cosas, clave para el desarrollo de la química y la física:
- el descubrimiento de los elementos de la tabla periódica
- el estudio de las propiedades comunes y la clasificación de los elementos
- la noción de masa atómica (inicialmente denominada "peso atómico") y, posteriormente, ya en el siglo XX, de número atómico y
- las relaciones entre la masa atómica (y, más adelante, el número atómico) y las propiedades periódicas de los elementos.
1.1 El
descubrimiento de los elementos
Aunque algunos elementos como el oro (Au), plata (Ag), cobre
(Cu), plomo (Pb) y el mercurio (Hg) ya eran conocidos desde la antigüedad, el primer descubrimiento científico de un elemento
ocurrió en el siglo XVII cuando el alquimista Henning Brand descubrió el fósforo (P). En el siglo XVIII se conocieron numerosos nuevos elementos, los más importantes de los cuales fueron los gases,
con el desarrollo de la química neumática: oxígeno (O), hidrógeno (H) y nitrógeno (N).
También se consolidó en esos años la nueva concepción de elemento, que condujo a Antoine Lavoisier
a escribir su famosa lista de sustancias simples, donde
aparecían 33 elementos. A principios del siglo XIX, la aplicación de la
pila eléctrica al estudio de fenómenos químicos condujo al
descubrimiento de nuevos elementos, como los metales alcalinos y
alcalino-térreos, sobre todo gracias a los trabajos de Humphry Davy. En 1830 ya se conocían 55 elementos. Posteriormente, a mediados del siglo XIX, con la invención del espectroscopio, se descubrieron
nuevos elementos, muchos de ellos nombrados por el color de sus líneas espectrales características: cesio (Cs, del latín caesĭus, azul), talio (Tl, de tallo, por su color verde), rubidio (Rb, rojo),
etc.
Lógicamente,
un requisito previo necesario a la construcción de la tabla periódica
era el descubrimiento de un número suficiente de elementos individuales,
que hiciera posible
encontrar alguna pauta en comportamiento químico y sus propiedades.
Durante los siguientes 2 siglos, se fue adquiriendo un gran conocimiento
sobre estas propiedades, así como descubriendo muchos
nuevos elementos. La palabra "elemento" procede de la ciencia griega
pero su noción moderna apareció a lo largo del siglo XVII, aunque no
existe un consenso claro respecto al proceso que condujo a su
consolidación y uso generalizado. Algunos autores citan como precedente
la frase de Robert Boyle en su famosa obra "The Sceptical Chymist", donde denomina
elementos "ciertos cuerpos primitivos y simples que no están
formados por otros cuerpos, ni unos de otros, y que son los ingredientes
de que se componen inmediatamente y en que se resuelven en
último término todos los cuerpos perfectamente mixtos". En
realidad, esa frase aparece en el contexto de la crítica de Roberto Boe a
los cuatro elementos aristotélicos. A lo largo del siglo
XVIII, las tablas de afinidad recogieron un nuevo modo de entender la composición química, que aparece claramente expuesto por Lavoisier en su obra "Tratado elemental de Química". Todo ello condujo a diferenciar en primer lugar qué sustancias de las conocidas
hasta ese momento eran elementos químicos, cuáles eran sus propiedades y cómo aislarlos.
El
descubrimiento de un gran número de nuevos elementos, así como el
estudio de sus propiedades, pusieron de manifiesto algunas semejanzas
entre ellos, lo que aumentó el
interés de los químicos por buscar algún tipo de clasificación.
A principios del siglo XIX, John Dalton
(1766-1844) desarrolló una nueva concepción del atomismo, al que llegó
gracias a sus estudios
meteorológicos y de los gases de la atmósfera. Su principal aportación
consistió en la formulación de un "atomismo químico" que permitía
integrar la nueva definición de elemento realizada por
Antoine Lavoisier (1743-1794) y las
leyes ponderales de la química (proporciones definidas, proporciones
múltiples, proporciones recíprocas). Dalton empleó los
conocimientos sobre las proporciones en las que reaccionaban las
sustancias de su época y realizó algunas suposiciones sobre el modo cómo
se combinaban los átomos de las mismas. Estableció como
unidad de referencia la masa de un átomo de hidrógeno (aunque se
sugirieron otros en esos años) y refirió el resto de los valores a esta
unidad, por lo que pudo construir un sistema de masas atómicas
relativas. Por ejemplo, en el caso del oxígeno, Dalton partió de la
suposición de que el agua era un compuesto binario, formado por un átomo
de hidrógeno y otro de oxígeno. No tenía ningún modo de
comprobar este punto, por lo que tuvo que aceptar esta posibilidad como
una hipótesis a priori. Dalton conocía que 1 parte de hidrógeno se
combinaba con 7 partes (8 afirmaríamos en la actualidad) de
oxígeno para producir agua. Por lo tanto, si la combinación se producía
átomo a átomo, es decir, un átomo de hidrógeno se combinaba con un átomo
de wolframio, la relación entre las masas de estos
átomos debía ser 1:7 (o 1:8 se calcularía en la actualidad). El
resultado fue la primera tabla de masas atómicas relativas (o pesos
atómicos como los llamaba Dalton) que fue posteriormente modificada
y desarrollada en los años posteriores. Las incertidumbres antes
mencionadas dieron lugar a toda una serie de polémicas y disparidades
respecto a las fórmulas y los pesos atómicos que sólo
comenzarían a superarse, aunque no totalmente, con el congreso de
Karlsruhe en 1860.
La primera clasificación de elementos conocida fue propuesta por Antoine Lavoisier, quien propuso que los elementos se clasificaran en
metales, no metales y metaloides o metales de transición. Aunque muy práctico y todavía
funcional en la tabla periódica moderna, fue rechazada debido a que había muchas diferencias en las propiedades físicas como químicas.
Uno de los primeros intentos para agrupar los elementos de propiedades análogas y relacionarlo con los pesos atómicos se debe al químico
alemán Johann Wolfgang Döbereiner(1780-1849) quien en 1817 puso de manifiesto el notable parecido que existía entre las
propiedades de ciertos grupos de tres elementos, con una variación gradual del primero al último. Posteriormente (1827) señaló la existencia de otros grupos de
tres elementos en los que se daba la misma relación (cloro, bromo y yodo; azufre, selenio y telurio; litio, sodio y potasio).
Triadas de Döbereiner
|
|||||
LiCl
LiOH |
CaCl2
CaSO4 |
H2S
SO2 |
|||
NaCl
NaOH |
SrCl2
SrSO4 |
H2Se
SeO2 |
|||
KCl
KOH |
BaCl2
BaSO4 |
H2Te
TeO2 |
|||
A estos grupos de tres elementos se les denominó triadas y hacia 1850 ya se habían encontrado unas 20, lo que indicaba una cierta regularidad entre los
elementos químicos.
Döbereiner intentó relacionar las propiedades químicas de estos elementos (y de sus compuestos) con los pesos atómicos, observando una gran analogía entre ellos, y una variación gradual del primero al último.
En
su clasificación de las triadas (agrupación de tres elementos)
Döbereiner explicaba que el peso atómico promedio de los pesos de los
elementos extremos, es parecido al peso
atómico del elemento de en medio. Por ejemplo, para la triada Cloro,
Bromo, Yodo los pesos atómicos son respectivamente 36, 80 y 127; si
sumamos 36 + 127 y dividimos entre dos, obtenemos 81, que es
aproximadamente 80 y si le damos un vistazo a nuestra tabla periódica el
elemento con el peso atómico aproximado a 80 es el bromo lo cual hace
que concuerde un aparente ordenamiento de
triadas.
En 1864, Chancourtois construyó
una hélice de papel, en la que se estaban ordenados por pesos atómicos
(masa atómica) los elementos conocidos, arrollada sobre un cilindro
vertical. Se encontraba
que los puntos correspondientes estaban separados unas 16 unidades. Los
elementos similares estaban prácticamente sobre la misma generatriz, lo
que indicaba una cierta periodicidad, pero su diagrama
pareció muy complicado y recibió poca atención.
1
|
2
|
3
|
4
|
5
|
6
|
7
|
Li
6,9 Na 23,0 K 39,0 |
Be
9,0 Mg 24,3 Ca 40,0 |
B
10,8 Al 27,0 |
C
12,0 Si 28,1 |
N
14,0 P 31,0 |
O
16,0 S 32,1 |
F
19,0 Cl 35,5 |
1.7 Ley de las octavas de Newlands
En 1864, el químico inglés John Alexander Reina Newlands comunicó al Real Colegio de Química
su
observación de que al ordenar los elementos en orden creciente de sus
pesos atómicos (prescindiendo del hidrógeno), el octavo elemento a
partir de cualquier otro tenía unas propiedades muy similares
al primero. En esta época, los llamados gases nobles no habían sido aún
descubiertos.
Esta
ley mostraba una cierta ordenación de los elementos en familias
(grupos), con propiedades muy parecidas entre sí y en Periodos, formados
por ocho elementos cuyas
propiedades iban variando progresivamente.
El
nombre de octavas se basa en la intención de Newlands de relacionar
estas propiedades con la que existe en la escala de las notas musicales,
por lo que dio a su
descubrimiento el nombre de ley de las octavas.
Como
a partir del calcio dejaba de cumplirse esta regla, esta ordenación no
fue apreciada por la comunidad científica que lo menospreció y
ridiculizó, hasta que 23 años más
tarde fue reconocido por la Royal Society, que concedió a Newlands su más alta condecoración, la medalla
Davy.
La tabla periódica de los elementos fue propuesta por Dimitri Mendeleiev y Julius Lothar Meyer
quienes, trabajando por separado, prepararon una ordenación de todos los
64 elementos conocidos, basándose en la variación de las propiedades
químicas (Mendeleiev) y físicas (Meyer) con la variación
de sus masas atómicas. A diferencia de lo que había supuesto Newlands,
en la Tabla periódica de Mendeleiev
los periodos (filas diagonales y oblicuas) no tenían
siempre la misma longitud, pero a lo largo de los mismos había una
variación gradual de las propiedades, de tal forma que los elementos de
un mismo grupo o familia se correspondían en los diferentes
periodos. Esta tabla fue publicada en 1869, sobre la base de que las
propiedades de los elementos son función periódica de sus pesos
atómicos.
La
tabla periódica de Mendeléiev presentaba ciertas irregularidades y
problemas. En las décadas posteriores tuvo que integrar los
descubrimientos de los gases nobles, las
"tierras raras" y los elementos radioactivos. Otro problema adicional
eran las irregularidades que existían para compaginar el criterio de
ordenación por peso atómico creciente y la agrupación por
familias con propiedades químicas comunes. Ejemplos de esta dificultad
se encuentran en las parejas telurio-yodo, argon-potasio y
cobalto-niquel, en las que se hace necesario alterar el criterio de
pesos atómicos crecientes en favor de la agrupación en familias con
propiedades químicas semejantes. Durante algún tiempo, esta cuestión no
pudo resolverse satisfactoriamente hasta que Henry Moseley
(1867-1919) realizó un estudio sobre los espectros de rayos X en 1913.
Moseley comprobó que al representar la raíz cuadrada de la frecuencia de
la radiación en
función del número de orden en el sistema periódico se obtenía una
recta, lo cual permitía pensar que este orden no era casual sino reflejo
de alguna propiedad de la estructura atómica. Hoy sabemos
que esa propiedad es el número atómico (Z) o número de cargas positivas del núcleo. La explicación que aceptamos actualmente de la "ley periódica" descubierta por
los químicos de mediados del siglo pasado surgió tras los desarrollos teóricos producidos en el primer tercio del siglo XX. En el primer tercio del siglo XX se construyó la mecánica cuántica.
Gracias a estas investigaciones y a los desarrollos posteriores, hoy
se acepta que la ordenación de los elementos en el sistema periódico
está relacionada con la estructura electrónica de los átomos de los
diversos elementos, a partir de la cual se pueden predecir sus
diferentes propiedades químicas.
LA TABLA PERIÓDICA
Tabla periódica,
esquema de todos los elementos químicos dispuestos por orden de número
atómico creciente y en una forma que refleja la estructura de los
elementos. Los elementos están ordenados en siete hileras horizontales,
llamadas periodos, y en 18 columnas verticales, llamadas grupos. El
primer periodo, que contiene dos elementos, el hidrógeno y el helio, y
los dos periodos siguientes, cada uno con ocho elementos, se llaman
periodos cortos. Los periodos restantes, llamados periodos largos,
contienen 18 elementos en el caso de los periodos 4 y 5, o 32 elementos
en el del periodo 6. El periodo largo 7 incluye el grupo de los
actínidos, que ha sido completado sintetizando núcleos radiactivos más
allá del elemento 92, el uranio.
Los grupos o
columnas verticales de la tabla periódica fueron clasificados
tradicionalmente de izquierda a derecha utilizando números romanos
seguidos de las letras 'A' o 'B', en donde la 'B' se refiere a los
elementos de transición. Actualmente está ganando popularidad otro
sistema de clasificación, que ha sido adoptado por la Unión
Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC). Este nuevo sistema
enumera los grupos consecutivamente del 1 al 18 a través del sistema
periódico.
2. LEY PERIÓDICA
Esta ley es la base de la tabla periódica y establece que las propiedades físicas y químicas de los elementos tienden a repetirse de forma sistemática conforme aumenta el número atómico.
Esta ley es la base de la tabla periódica y establece que las propiedades físicas y químicas de los elementos tienden a repetirse de forma sistemática conforme aumenta el número atómico.
Todos los
elementos de un grupo presentan una gran semejanza y, por lo general,
difieren de los elementos de los demás grupos. Por ejemplo, los
elementos del grupo 1 (o IA), a excepción del hidrógeno, son metales con
valencia química +1; mientras que los del grupo 17 (o VIIA),
exceptuando el astato, son no metales, que normalmente forman compuestos
con valencia -1.
3. DESARROLLO HISTÓRICO
Como resultado de los descubrimientos que establecieron en firme la teoría atómica de la materia en el primer cuarto del siglo XIX, los científicos pudieron determinar las masas atómicas relativas de los elementos conocidos hasta entonces. El desarrollo de la electroquímica durante ese periodo por parte de los químicos británicos Humphry Davy y Michael Faraday condujo al descubrimiento de nuevos elementos.
Como resultado de los descubrimientos que establecieron en firme la teoría atómica de la materia en el primer cuarto del siglo XIX, los científicos pudieron determinar las masas atómicas relativas de los elementos conocidos hasta entonces. El desarrollo de la electroquímica durante ese periodo por parte de los químicos británicos Humphry Davy y Michael Faraday condujo al descubrimiento de nuevos elementos.
En
1829 se habían descubierto los elementos suficientes para que el
químico alemán Johann Wolfgang Döbereiner pudiera observar que había
ciertos elementos que tenían propiedades muy similares y que se
presentaban en triadas: cloro, bromo y yodo; calcio, estroncio y bario;
azufre, selenio y teluro, y cobalto, manganeso y hierro. Sin embargo,
debido al número limitado de elementos conocidos y a la confusión
existente en cuanto a la distinción entre masas atómicas y masas
moleculares, los químicos no captaron el significado de las triadas de
Döbereiner.
El desarrollo del espectroscopio en
1859 por los físicos alemanes Robert Wilhelm Bunsen y Gustav Robert
Kirchhoff, hizo posible el descubrimiento de nuevos elementos. En 1860,
en el primer congreso químico internacional celebrado en el mundo, el
químico italiano Stanislao Cannizzaro puso de manifiesto el hecho de que
algunos elementos (por ejemplo el oxígeno) poseen moléculas que
contienen dos átomos. Esta aclaración permitió que los químicos
consiguieran una 'lista' consistente de los elementos.
Estos
avances dieron un nuevo ímpetu al intento de descubrir las
interrelaciones entre las propiedades de los elementos. En 1864, el
químico británico John A. R. Newlands clasificó los elementos por orden
de masas atómicas crecientes y observó que después de cada siete
elementos, en el octavo, se repetían las propiedades del primero. Por
analogía con la escala musical, a esta repetición periódica la llamó ley
de las octavas. El descubrimiento de Newlands no impresionó a sus
contemporáneos, probablemente porque la periodicidad observada sólo se
limitaba a un pequeño número de los elementos conocidos.
3.1. Mendeléiev y Meyer La ley química que afirma que las propiedades
de todos los elementos son funciones periódicas de sus masas atómicas
fue desarrollada independientemente por dos químicos: en 1869 por el
ruso Dmitri Mendeléiev y en 1870 por el alemán Julius Lothar Meyer. La
clave del éxito de sus esfuerzos fue comprender que los intentos
anteriores habían fallado porque todavía quedaba un cierto número de
elementos por descubrir, y había que dejar los huecos para esos
elementos en la tabla. Por ejemplo, aunque no existía ningún elemento
conocido hasta entonces con una masa atómica entre la del calcio y la
del titanio, Mendeléiev le dejó un sitio vacante en su sistema
periódico. Este lugar fue asignado más tarde al elemento escandio,
descubierto en 1879, que tiene unas propiedades que justifican su
posición en esa secuencia. El descubrimiento del escandio sólo fue parte
de una serie de verificaciones de las predicciones basadas en la ley
periódica, y la validación del sistema periódico aceleró el desarrollo
de la química inorgánica.
El sistema periódico
ha experimentado dos avances principales desde su formulación original
por parte de Mendeléiev y Meyer. La primera revisión extendió el sistema
para incluir toda una nueva familia de elementos cuya existencia era
completamente insospechada en el siglo XIX. Este grupo comprendía los
tres primeros elementos de los gases nobles o inertes, argón, helio y
neón, descubiertos en la atmósfera entre 1894 y 1898 por el físico
británico John William Strutt y el químico británico William Ramsay. El
segundo avance fue la interpretación de la causa de la periodicidad de
los elementos en términos de la teoría de Bohr (1913) sobre la
estructura electrónica del átomo.
4. TEORÍA DE LA CAPA ELECTRÓNICA
En la clasificación periódica, los gases nobles, que no son reactivos en la mayoría de los casos (valencia = 0), están interpuestos entre un grupo de metales altamente reactivos que forman compuestos con valencia +1 y un grupo de no metales también muy reactivos que forman compuestos con valencia -1. Este fenómeno condujo a la teoría de que la periodicidad de las propiedades resulta de la disposición de los electrones en capas alrededor del núcleo atómico. Según la misma teoría, los gases nobles son por lo general inertes porque sus capas electrónicas están completas; por lo tanto, otros elementos deben tener algunas capas que están sólo parcialmente ocupadas, y sus reactividades químicas están relacionadas con los electrones de esas capas incompletas. Por ejemplo, todos los elementos que ocupan una posición en el sistema inmediatamente anterior a un gas inerte, tienen un electrón menos del número necesario para completar las capas y presentan una valencia -1 y tienden a ganar un electrón en las reacciones. Los elementos que siguen a los gases inertes en la tabla tienen un electrón en la última capa, y pueden perderlo en las reacciones, presentando por tanto una valencia + 1.
En la clasificación periódica, los gases nobles, que no son reactivos en la mayoría de los casos (valencia = 0), están interpuestos entre un grupo de metales altamente reactivos que forman compuestos con valencia +1 y un grupo de no metales también muy reactivos que forman compuestos con valencia -1. Este fenómeno condujo a la teoría de que la periodicidad de las propiedades resulta de la disposición de los electrones en capas alrededor del núcleo atómico. Según la misma teoría, los gases nobles son por lo general inertes porque sus capas electrónicas están completas; por lo tanto, otros elementos deben tener algunas capas que están sólo parcialmente ocupadas, y sus reactividades químicas están relacionadas con los electrones de esas capas incompletas. Por ejemplo, todos los elementos que ocupan una posición en el sistema inmediatamente anterior a un gas inerte, tienen un electrón menos del número necesario para completar las capas y presentan una valencia -1 y tienden a ganar un electrón en las reacciones. Los elementos que siguen a los gases inertes en la tabla tienen un electrón en la última capa, y pueden perderlo en las reacciones, presentando por tanto una valencia + 1.
Un análisis del sistema
periódico, basado en esta teoría, indica que la primera capa de
electrones puede contener un máximo de 2 electrones, la segunda un
máximo de 8, la tercera de 18, y así sucesivamente. El número total de
elementos de cualquier periodo corresponde al número de electrones
necesarios para conseguir una configuración estable. La diferencia entre
los subgrupos A y B de un grupo dado también se puede explicar en base a
la teoría de la capa de electrones. Ambos subgrupos son igualmente
incompletos en la capa exterior, pero difieren entre ellos en las
estructuras de las capas subyacentes. Este modelo del átomo proporciona
una buena explicación de los enlaces químicos.
5. TEORÍA CUÁNTICA
El desarrollo de la teoría cuántica y su aplicación a la estructura atómica, enunciada por el físico danés Niels Bohr y otros científicos, ha aportado una explicación fácil a la mayoría de las características detalladas del sistema periódico. Cada electrón se caracteriza por cuatro números cuánticos que designan su movimiento orbital en el espacio. Por medio de las reglas de selección que gobiernan esos números cuánticos, y del principio de exclusión de Wolfgang Pauli, que establece que dos electrones del mismo átomo no pueden tener los mismos números cuánticos, los físicos pueden determinar teóricamente el número máximo de electrones necesario para completar cada capa, confirmando las conclusiones que se infieren del sistema periódico.
El desarrollo de la teoría cuántica y su aplicación a la estructura atómica, enunciada por el físico danés Niels Bohr y otros científicos, ha aportado una explicación fácil a la mayoría de las características detalladas del sistema periódico. Cada electrón se caracteriza por cuatro números cuánticos que designan su movimiento orbital en el espacio. Por medio de las reglas de selección que gobiernan esos números cuánticos, y del principio de exclusión de Wolfgang Pauli, que establece que dos electrones del mismo átomo no pueden tener los mismos números cuánticos, los físicos pueden determinar teóricamente el número máximo de electrones necesario para completar cada capa, confirmando las conclusiones que se infieren del sistema periódico.
Posteriores
desarrollos de la teoría cuántica revelaron por qué algunos elementos
sólo tienen una capa incompleta (en concreto la capa exterior, o de
valencia), mientras que otros también tienen incompletas las capas
subyacentes. En esta última categoría se encuentra el grupo de elementos
conocido como lantánidos, que son tan similares en sus propiedades que
Mendeléiev llegó a asignarle a los 14 elementos un único lugar en su
sistema.
SISTEMA PERIÓDICO LARGO
La aplicación de la teoría cuántica sobre la estructura atómica a la ley periódica llevó a reformar el sistema periódico en la llamada forma larga, en la que prima su interpretación electrónica. En el sistema periódico largo, cada periodo corresponde a la formación de una nueva capa de electrones. Los elementos alineados tienen estructuras electrónicas estrictamente análogas. El principio y el final de un periodo largo representan la adición de electrones en una capa de valencia; en la parte central aumenta el número de electrones de una capa subyacente.
La aplicación de la teoría cuántica sobre la estructura atómica a la ley periódica llevó a reformar el sistema periódico en la llamada forma larga, en la que prima su interpretación electrónica. En el sistema periódico largo, cada periodo corresponde a la formación de una nueva capa de electrones. Los elementos alineados tienen estructuras electrónicas estrictamente análogas. El principio y el final de un periodo largo representan la adición de electrones en una capa de valencia; en la parte central aumenta el número de electrones de una capa subyacente.